El Nacedero del Urederra es uno de esos lugares que invitan a detenerse y mirar con calma. El bosque, las rocas y el agua que cae en pequeñas cascadas y forma pozas de tonalidad turquesa hacen del Nacedero del Urederra un paisaje excepcional. Sin embargo, su belleza esconde un entorno frágil, donde la elevada afluencia de visitantes puede provocar degradación del suelo, deterioro de formaciones rocosas de toba y pérdida de hábitats de interés.
Cada año, alrededor de 90.000 personas visitan este espacio natural. Gestionar esta afluencia es fundamental para compatibilizar el disfrute del entorno con la conservación de sus valores naturales. Para reducir los impactos y mejorar la seguridad del recorrido, el Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra ha realizado, entre 2023 y 2025, diversas actuaciones con una inversión de 498.543 euros, procedentes de los fondos europeos Next Generation.
La instalación de pasarelas, escaleras, barandillas y plataformas en los tramos más complicados han permitido recuperar zonas erosionadas y delimitar el sendero para concentrar el tránsito en las áreas habilitadas. Las soluciones constructivas, con materiales naturales como madera de acacia y cal, buscan integrarse en el paisaje y minimizar su impacto visual.
La importancia de esta gestión ha sido también puesta de manifiesto durante la reciente visita del consejero de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, José Mari Aierdi Fernández de Barrena, acompañado por representantes del Concejo de Baquedano, personal técnico y el equipo de arquitectos responsable del proyecto. El consejero ha destacado la necesidad de ordenar el uso público para proteger los valores naturales que hacen único este espacio.
El Nacedero del Urederra cuenta con un aforo máximo de 500 personas al día, requiere reserva previa y tiene un acceso regulado en franjas horarias. Respetar el itinerario señalizado y permanecer en las zonas habilitadas son gestos esenciales para contribuir a su conservación.
Cuidar este espacio protegido único requiere planificación, medidas de protección y la colaboración de quienes lo visitan. Solo así podremos seguir disfrutando de su singularidad ecológica y paisajística sin comprometer su futuro.






