Si has visitado alguna vez el Nacedero del Urederra, seguramente recuerdes el intenso color turquesa de sus pozas, el sonido del agua entre las hayas o la sorpresa que produce descubrir una nueva cascada tras cada curva del sendero. Son imágenes que permanecen en la memoria y hacen de este lugar uno de los rincones naturales más especiales de Navarra.

Pero el verdadero valor del Urederra va mucho más allá de su belleza.

Las aguas que brotan del acuífero de la sierra de Urbasa llevan miles de años modelando este paisaje. Gota a gota han creado cascadas, pequeñas presas naturales y delicadas formaciones de toba calcárea que continúan creciendo hoy, aunque apenas podamos apreciarlo. Es un proceso lento, extraordinario y muy frágil.

Cuando recorres el sendero no solo estás caminando junto a un río. Estás adentrándote en una reserva natural, un espacio protegido que forma parte del Parque Natural de Urbasa y Andía, de la Red Europea Natura 2000 y del Inventario Español de Lugares de Interés Geológico. Estas figuras reconocen el extraordinario valor ecológico, científico, paisajístico y educativo de este espacio único.

Cada año, miles de personas llegan hasta aquí para disfrutar de este paisaje. Para hacerlo compatible con su conservación, el parque natural regula el acceso mediante un sistema de reserva previa y aforo limitado, mejora el sendero para reducir la erosión y desarrolla diferentes actuaciones de conservación. Son medidas que buscan un mismo objetivo: que el Urederra siga emocionando a quienes lo visiten dentro de muchos años.

Pero hay algo igual de importante que todas esas actuaciones: tu colaboración.

Cada vez que permaneces en el sendero señalizado, te llevas tus residuos o contemplas el río desde la orilla, estás ayudando a conservar un patrimonio natural que pertenece a todas las personas.

Por ese mismo motivo, el baño está prohibido en toda la reserva natural. Entrar en el agua altera un ecosistema especialmente delicado: puede dañar las frágiles formaciones de toba calcárea, remover los sedimentos del fondo, reducir la transparencia del agua y afectar a la fauna y la flora acuáticas que dependen de este equilibrio.

Queremos que quienes visiten el Urederra dentro de diez, cincuenta o cien años puedan sentir la misma emoción que sientes tú hoy al descubrir sus aguas turquesas.

Gracias por ayudarnos a cuidar uno de los paisajes más valiosos del Parque Natural de Urbasa y Andía.