Este final del mes de junio, las sierras de Urbasa y Andía muestran un aspecto diferente al habitual. Los pastos se secan antes de tiempo, algunos manantiales reducen su caudal y el agua disponible comienza a escasear en plena campaña de pastoreo. No es una casualidad: junio está siendo un mes excepcionalmente seco y sus efectos ya son visibles en el paisaje.
En la estación meteorológica de Urbasa, cuando aún faltaban ocho días para finalizar el mes, las precipitaciones registradas eran ya un 80 % inferiores a la media de los últimos veinte años. En la estación de Goñi, en la sierra de Andía, el descenso alcanzaba el 92 % respecto a la media de junio, aunque el conjunto del año continúa siendo más húmedo de lo habitual.
La lluvia es mucho más que un dato meteorológico. En estas sierras, el agua se infiltra en la roca caliza y circula por su interior hasta reaparecer en forma de manantiales, que abastecen fuentes, balsas y abrevaderos. Cuando las lluvias escasean y las altas temperaturas se prolongan, este ciclo se altera: los manantiales reducen antes de lo habitual su caudal y los puntos de agua se recargan con mayor dificultad.
La falta de agua también se refleja en los pastos. La hierba deja de crecer, se agosta antes de tiempo y pierde cantidad y calidad como alimento para el ganado. Si esta situación se prolonga, algunos rebaños podrían verse obligados a abandonar las sierras antes de lo previsto y regresar a sus explotaciones de origen con los consiguientes perjuicios para las explotaciones ganaderas. La duración y viabilidad de la campaña de pastoreo depende, en gran medida, de que los pastos sigan produciendo hierba y de que los recursos hídricos se mantengan durante el verano.
Para hacer frente a estas situaciones, el parque natural mantiene una red de balsas, conducciones y abrevaderos que complementan los puntos de agua naturales y permiten gestionar este recurso de forma más eficiente. El seguimiento de los manantiales y el mantenimiento de estas infraestructuras resultan cada vez más importantes para compatibilizar la actividad ganadera con la conservación de los valores naturales de este espacio natural protegido.
El agua, los pastos, los bosques, la fauna y la actividad ganadera forman parte de un mismo sistema. Tras un periodo de escasez de lluvias, los cambios en el paisaje ayudan a comprender hasta qué punto el agua sostiene el equilibrio de estas sierras y la forma de vida que, desde hace siglos, las ha modelado.



